viernes, 4 de mayo de 2012

The closet


Por la ventana entraba una luz radiante que iluminaba toda la habitación y se reflejaba en el espejo, donde se podía observar todo lo que allí se encontraba: la pequeña cama, la mesa con el televisor y hasta la mesa de luz.
Junto al televisor, había un gran dibujo realizado años atrás por quién habitara el lugar. Probablemente de ese dibujo se pudieran deducir varios rasgos de su personalidad pero para ella no tenía importancia alguna.
Cuando entró en la habitación, el placard junto a la puerta estaba abierto y en él se podían apreciar centenares de ropas,todas ellas con un significado distinto y especial. No todas eran coloridas y vivas como se espera de una adolescente, también había colores oscuros  y apagados. Sobre el piso del placard había varios pares de zapatos, zapatillas y hasta ojotas.
Para cualquier persona ésta era tan solo una habitación con un placard ordenado y saturado, pero para ella cada cosa le traía un recuerdo distinto, un momento especial.
Sabía que tenía poco tiempo para elegir su vestimenta asique se apuró a ver que hallaba allí.
Al recoger la camisa rosada, sus cuadros le remontaron a la semana anterior, cuando junto a su pequeño primo había jugado en la gran plaza de la ciudad. Habían corrido y se habían revolcado tanto que la prenda había quedado totalmente llena de tierra. Al arribar a su casa, puso dicha camisa al lavarropas y se fue a bañar.
Ahora, la vestimenta se hallaba nuevamente en su placard, impecable como si aquello nunca hubiera sucedido.
La próxima cosa que halló fue un jean clásico, oscuro, que le quedaba bastante apetado pero le gustaba mucho. Podría decirse que era uno de sus favoritos, quizás el favorito.
El último uso que se le había dado había sido el viernes pasado en un cumpleaños. Se había llenado de nauseabundo olor a cigarrillo y además contaba con algunas gotas de alcohol que habían sido derramadas sin intención sobre él.Quizás de tanta diversión o tal vez se había tropesado con alguien o algo.
Sin embargo, el jean se encontraba intacto e imaginar que se le había dado tal uso era impensable.
El tiempo se le acababa y sabía que debía hallar la prenda perfecta para aquél día.
En un rincón del placard divisó, toda arrugada, la remera que había usado el día anterior con su novio. Él la había llamado para invitarla al cine y ella muy emocionada aceptó sin dudarlo.
Juntos habían recorrido la ciudad y luego se habían dirigido al pequeño pero cómodo cine.
Luego de usada, como todo lo anterior, la remera había ido a parar al lavarropas y ahora se encontraba allí nuevamente.
El tapado que estaba colgado junto con las camperas no se usaba hacía largo tiempo ya que los días eran calurosos y no era necesaria tal vestimenta. A pesar de ello, cuando la jovencita lo observó, éste le recordó cuando lo había usado años atrás junto a su hermano.
Viajó por largas horas hasta Buenos Aires para llegar junto a él y cuando llegó no se separaron ni un segundo. Ambos se querían muchísimo y deseaban disfrutarse el poco tiempo que estarían juntos. Como los días eran fríos y lluviosos, la pequeña muchacha usaba casi a diario dicha prenda.
Rápidamente volvió a dejar el tapado en su lugar y siguió buscando en la espera de encontrar algo adecuado para su humor y su día.
Al fin encontró algo que creyó justo para ese momento. Era una remera roja con un dibujo que contenía el rostro de "Hello Kitty". El contraste entre el color atrevido y sensual, y el dibujo infantil le parecio correcto y decidió colocarse dicha remera.
Pero aún le faltaba todo el resto de la vestimenta asique decidió seguir con su larga búsqueda.
Luego de indagar entre sus ropas y probarse muchas clases de pantalones, que le trajeron diversos recuerdos, encontró el jean perfecto.
Era un jean claro que le quedaba justo; ni muy apretado ni muy suelto. Entre su claridad se destacaban pequeños destellos de luz, como brillitos.
Lo había adquirido una tarde cuando paseaba comprando por la ciudad junto a su padre. En esa época la relación aún era sólida y se basaba en el amor. En cambio, ahora cada uno hacía su vida y casi no se comunicaban entre sí. Aquello la apenó mucho.
Este recuerdo le pareció tan conmovedor que decidió que ése sería su pantalón aquél día.
Aún debía buscar unas zapatillas o zapatos y un abrigo no demasiado caluroso para poder usar con una campera impermeable ya que afuera llovía en grandes cantidades.
Revisando entre sus pares de zapatos y zapatillas encontró unas botas negras con un pequeño taco que nacía del talón y terminaba en la mitad del pie. Al costado tenían un pequeño cierre que facilitaba la entrada de los talones y la punta del pie.
Aquellas botas le recordaron cuando cierta tarde junto a sus amigas se había escapado del colegio al que asistía y pasearon por el centro de la ciudad. Ese día, la joven mujercita llevaba las botas en su bolso para luego cambiarselas cuando saliera de la institución.
El recuerdo le pareció divertido y como las botas eran cómodas y se adecuaban a la temperatura, decidió usarlas aquél día.
Tan sólo le faltaba un ligero abrigo para poder usar dentro del lugar donde iría.
Entre distintos y coloridos buzos y sweters encontró uno que era sobrio, maduro y confió en que éste sería el adecuado.
Era un sweter negro clásico, no tenía nada en especial aparentemente, pero para ella si lo era.
Tal sweter no era usado hacía mucho tiempo y su último uso había sido una tarde de invierno mientras la joven tocaba la guitarra para un grupo de personas mayores que la escuchaban con atención.
Luego de haber elegido su vestimenta se decidió a salir de su pequeño lugar en el mundo para enfrentar el día que le esperaba.

No era uno de los mejores días. Afura llovía, todo estaba mojado y muy frío. Nicole odiaba esta clase de días, sin embargo, después de vestirse salió de su casa decidida. Sabía que iba a ser un gran día.

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