viernes, 4 de mayo de 2012

Relojes


Una vez todo lo tuve, pero no me alcanzó para ser feliz.
Hoy que ya no estás, que ya todo quedó atrás, que mi reloj se pausó todo lo perdí. Hoy, todo lo perdí; hoy todo lo tuve y todo lo perdí.
Creo que uno nunca se imagina perder a alguien tan importante: yo nunca lo hice. Todo este tiempo estuve ciega a tu lado, todo este tiempo me fui quedando sin aire. Hasta que te perdí, y, entonces, solo entonces pude descubrir que sin ti no se vive feliz.
La felicidad que tanto perseguí, la tuve todo el tiempo a mi lado y hoy, hoy que ya no está no sé como recuperarla.
Por un tiempo todo quedó pausado en mi vida, todo fue un vaivén, un remolino en el que estaba hundida, un vuelo sin llegada.
Pero ese día, ese 1 de diciembre lo supe todo. Supe que te había perdido y no había forma de que regresaras. Todo lo perdí un 1 de diciembre.
No hay camino atrás, no hay forma de llegar. No hay quién te guíe a la entrada, ni quién te acompañe a tu felicidad.
Un día cualquiera puede no ser un día más, un día cualquiera puede ser el día de aterrizar.
A las 7 era feliz, 7 y media ya no lo era más. En 30 minutos mi camino se marcó, tan solo 30 minutos. Llegué a la partida y cuando miré ya no estabas para comenzar conmigo otro camino en la vida.
El camino siguió y ya no había forma de parar el reloj. Ya todo estaba marcado, no podía seguir esperando. Ya todo estaba dado: en el camino no estabas a mi lado.
Ocho meses después, mi reloj comenzó a caminar, comenzó a marcar los segundos, minutos y horas que antes parecían invisibles.
Durante ocho meses mi reloj estuvo parado. No fui quien soy hoy, no fui quien seré mañana.
Hoy, un día como cualquier otro mi reloj comenzó a andar. Y ya no pude parar; había un camino por donde andar y miles de almas que aguardaban por mi.
Hoy el reloj que te esperó ya no te espera más, hoy el camino marcado va por buen lugar. A pesar de todo puedo soñar y estar con personas que pueden volar.


Escrito hace 3 años para el hombre que cambió mi vida, que llegó mucho más profundo en mi corazón que cualquier otro. Ese hombre que era como un padre, mejor dicho un padrastro. Pero que logró de formas inimaginables lo que muchos no pudieron.
Miguel, "chanchito", te dedico después de estos años las palabras que te escribí en ese entonces.
Me encantaría que me vieras hoy, realizada, echa una mujer, y que te sientas orgulloso porque era lo único que podías sentir por mi, gracias a Dios.
Espero estés donde estés te sigas acordando de mi, de nuestras charlas, chocolates, frases y psicología que solíamos usar.
Quiero que sepas que acá en mi corazón es donde más se te extraña, y que siempre hay un lugar que estará vacío hasta que nos volvamos a encontrar en las alturas del cielo.
Gracias por las grandes alegrías que supiste darme y SÉ que estás leyendo esto. Gracias por confiar en mi y ojalá nunca me abandones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada